Escribir no es evadirse, todo lo contrario. Yo no escribo para celebrar mi ausencia. Escribir es implicarse, enfrentar tu realidad hasta el punto que supone un ejercicio de exhibicionismo. En el mejor de los casos, solo consigues travestirte. Y si escribo ahora multiplicado por tres no es porque quiera huir, es porque quiero afrontar lo que me está pasando.