El mundo real

Al final, el mundo metaficcional, repleto de códigos, frases encriptadas y anécdotas privilegiadas sobre el que escribía, el mundo representativo de esa, una microsociedad pueril, a punta de navaja, donde los favores se cobraban con favores y las referencias estaban cruzadas o no estaban, el mundo donde los espejos eran lo único importante, donde las autoformas cobraban vida, donde el ego trepaba hacia pedestales imaginarios y las amistades se convertían en papel de fumar, ese mundo, abstracto y obscuro, recóndito y canalla, real e imaginario, tantas veces escrito y descrito, no interesaba absolutamente a nadie.