Consecuencias de estudiar el espacio.

Ha sido suspirar y han pasado más de cuatro años desde que mi vida está relacionada con Valencia. Es curioso, porque pudiera haber sido cualquier otra ciudad y es ésta, un lugar que odio tanto que termina provocándome cariño. Aquí vine como un chaval ingenuo y ahora me siento un viejo frustrado. En este lapso, he conocido personas que merecen la pena y también mucho indeseable. He trabajado más de lo que quería trabajar sin tener la sensación de hacerlo. He vivido en muchas casas y dormido en diferentes camas y casi siempre las he orientado hacia la ventana, como si así tuviera siempre un rayo de esperanza. Vine de la mano de un amor y lucho por olvidar a otro. Vine soñando en prosa y acabaré despidiéndome en verso. Valencia es la cara y la cruz de mis vivencias, mis pocos éxitos y algunas de mis vergüenzas se entierran aquí bajo llave, y aquí se quedarán por siempre. Valencia es pasado porque me recuerda al Saler, a los campamentos y esos viajes en los que contaba cada euro, es presente porque despierto aquí cada mañana como en una dulce condena y no sé si será el futuro, pero sospecho que si me fuera sería esta ciudad mi Comala, repleta de fantasmas en medio del desierto mediterráneo. Si volviera, ya no habría nadie y al mismo tiempo estarían todos, como muertos muy vivos, como vivos muy muertos. Y al final, yo terminaría siendo tan solo un fantasma más.