Fantasmas

A veces, me gustaría volver al pasado y encontrarme a quién fui, un niño insolente, verlo como a un fantasma y sin que él me viera, hacer algo, lo que sea, que cambiara el rumbo de los acontecimientos para siempre. Pienso que bastaría con tirar cualquier objeto al suelo causando un destrozo, con esconder un rato el teléfono móvil de manera que esas llamadas no se atendieran o cambiar de aparcamiento la moto como hacían esos amigos esos del club para que mi “joven yo” tuviera que ir a otro sitio a recogerla. Con solo eso ya se crearía una realidad alternativa y puede que, cogiendo la moto en otro sitio, ya volviera más tarde a casa y ese día, por pereza o simple aburrimiento, decidiera no salir y no tendría jamás una conversación que esa noche iba a producirse y eso influiría en el día siguiente hasta el punto que terminaría yendo con otras personas y viviendo así otros amores diferentes a los que viví, puede que quizás, solo quizás, dedujera que otro futuro era posible con ese amor de juventud o siguiera soltero hasta la eternidad, estudiando o sin estudiar, viajando o sin viajar y así hasta el presente. Igual de esa manera no hubiera habido nunca Murcia, ni Sevilla, ni Valencia, ni Mallorca, ni Cartagena, ni otra vez Valencia, ni Barcelona, ni por tercera vez Valencia y todo lo que eso conlleva se evaporara también como por arte de magia y en cambio hubiera existido, no sé, Jerez y luego Madrid y siempre Madrid, o Londres, o vete tú a saber en qué pudiera haberse convertido todo esto, y quizás ese camino, el alternativo, fuera el único camino que condujera hacia el éxito, hacia hacer lo que quiero hacer y no lo que estoy haciendo, a vivir lo que quiero vivir y no lo que estoy viviendo.