El ángel caído

El arcángel sabía que nunca iba a llegar a ángel y dejó otra vez su guardia infiltrándose entre la gente y ocultando sus alas bajo una gabardina de silencio. Se presentía tan humano como el que más y llevaba tiempo renegando de su condición jerárquica. No era para menos, le tentaba el amor de aquella bailarina de stripteases, tan frágil y obligada a cumplir su aciago destino que seguro ansiaba un rescate heroico, alguien que pudiera indultar su condena. Así acudía noche tras noche a la barra del pub y, mientras la veía bailar su danza del demonio, se cuestionaba si el cielo no estaría en el rojo fuego de sus labios, en su cuero negro, en su mirada perdida o en los besos que fuera capaz de dar, si no era absurdo todo ese orden celestial en el que andaba involucrado, si no habría estado equivocado durante tanto, tanto tiempo.