El show de las palabras
El malabarista de palabras llegó exultante al circo, dispuesto a mostrar los trucos con los que asombraría al mundo. Se veía ya recitándoles sílabas modélicas, su espectáculo matemático de esdrújulas, el frenesí de su aguda canción de salón, la llana amalgama en los bíceps de su oratoria. Pero el director frenó tajantemente su ímpetu: cómo se le había ocurrido atraer así al gran público, estaba loco o qué, si a la gente no le interesa involucrarse sino todo lo contrario, les interesan los fuegos de artificio, todo lo que les evada del miedo, lo que consiga rescatarles de lo que está pasando ahí afuera, un oasis en medio de la miseria, precisamente el lugar donde las palabras carecen de sentido.