viernes, 17 de junio de 2011

Ministerio de Hacienda

Estimado señor López,

Soy Eva Marcos, funcionaria del ministerio de Hacienda, quería comunicarle que, aparte de tener su declaración resuelta (en breve le devolverán una pírrica cantidad de dinero), estoy enamorada de usted. No se asombre, lo conozco mejor de lo que cree. Tiene razón, tal vez no en persona, tal vez no hayamos cenado juntos ni me haya cogido la mano ni me haya dejado tocarle el pelo como hacen los que están camino de alguna parte, pero sus cuentas revelan mucho de su persona y creo que digo lo correcto cuando aseguro que lo conozco bien. Paga cuando debe, con lo cual deduzco que es usted honrado y transparente, una persona responsable y formal. Aún así, apura al máximo los plazos, y eso le dota de un carácter aventurero, es soñador e inconformista, porque cree que existen otros sistemas para llegar al mismo lugar y alguna vez nos ha llegado una carta de reclamo (con la cual también puedo decir que usted es educado y sabe escribir correctamente), pero no es un loco ni un anarquista ni ninguno de esos que revolucionan no solo su vida, sino la de los que le rodean. Sé que tiene sus defectos como todo el mundo, que es desordenado casi siempre y lo deja todo para el final, pero quién sea perfecto que levante la mano.

Por lo que cuenta su patrimonio, vive consecuentemente con lo que tiene y no comete excesos, salvo algún capricho controlado que paga siempre a cómodos plazos, no tiene vehículo, con lo cual supongo que no sabe conducir y eso lo hace tiernamente vulnerable, no tiene más de lo que aparenta (me he imaginado muchas veces lo que hay detrás de su foto carnet, de ese pelo alborotado, la barba de dos días y la media sonrisa, y estoy convencida de que no hay nada malo detrás) y tampoco aparenta menos de lo que tiene. Me seduce eso de que viva en un ático, sólo, y que reciba su nómina puntual por parte de la editorial mes a mes, eso da equilibrio y seguridad, pero a la vez tal y como están las editoriales es también un riesgo. No sabe lo que echo de menos la incertidumbre. Es por eso, y por mucho más, que le escribo. Me imagino escuchando música en su ático, Nina Simone o algo similar, mientras usted escribe una novela o poemas o cuentos, o quizás solo corrija manuscritos, quién sabe, pero me veo tumbada en la cama, semidesnuda, con mi mejor lencería, después de una dura jornada de trabajo, me imagino conversando de esto y de aquello, de esas cosas tan mundanas que se vuelven esenciales, y me lo imagino a usted también, esperándome pacientemente y hasta recibiendo esta carta. Primero optará por la prudencia, como cuando recibe más dinero del que espera y de pronto no hace nada, y después, ilusionado, se dejará llevar e invertirá en algunos besos, los míos, y al fin nervioso y decidido se entregará a mis brazos. Luego se tomará un tiempo y volverá a llamar. Y así hasta que vivamos juntos.

No es la devolución del año, pero es algo más que una compensación. Piense en esto, espero su respuesta. Con mucho afecto. Eva.

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