martes, 15 de noviembre de 2016

Otoño (Un tributo a Leonard Cohen)

Como arropando mis pisadas, una hoja fue a caer sobre mis pies recordándome porqué suspiraba cada septiembre de la adolescencia, cuando se calmaba el verano empachado de sí mismo hasta quedar extinto, formando parte del paisaje de la memoria. Esos días volvía la vida a encajonarse y con ello tu olor entre abedules, liberándose cada miércoles que, al salir de clase, tropezábamos a ciencia cierta. Con la vejez de los árboles celebraba también el fin de la competencia, la humanidad virando hacia cualquier otra parte. Por entonces, la adolescencia era un terreno hostil con el único refugio de tu abrazo. El rumor de la navidad me ahogaba, llevándote al campamento que acabaría sustituyéndome por otros mejores, y dejando a un chiquillo enamorado recitando imposibles al amparo de la inocencia. Culpaba a mis padres de las catástrofes de las casualidades. ¿Por qué yo no formaba parte del autobús de tus inviernos? Aún recuerdo las tirillas de la camisa descansando sobre tus brazos menudos, nuestra improvisada intimidad bajo los árboles, el acné fruto de tu incontinencia por vivir, tus besos de serpiente inoculándome el veneno del amor. Giraba sin parar por la plaza, como una peonza ensimismada en el ayer. Aún hoy, cuando te veo pasear con el carrito que hereda el brillo tus ojos, siento que las hojas que caen a tus pies te susurran también el porqué de los otoños.



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