martes, 19 de febrero de 2013

El antihéroe

Poco a poco, surgiendo como un mioma mudo, creciendo como un rumor insoslayable y cogiendo peso hasta volverse una certeza universal, el héroe fue sintiéndose atraído por su archienemiga hasta el punto de no querer revocar sus planes.

Sería la rivalidad que los enfrentaba, que sumaba capítulos alimentando la mística de sus enfrentamientos, quizás lo rocambolesco de las argucias a las que prestaba oposición o puede que se tratara de la perseverancia que exhibía, sí, de los nuevos y perversos planes que llevaba a cabo pese a haber fracasado en todos los anteriores, no sabía, el caso es que ya le parecía suficiente; por una vez, su archienemiga merecía la victoria.

Si al final, ¿cuál era su objetivo? ¿Enriquecerse? ¿Dar un golpe a una sucursal bancaria o robarle las joyas a uno de esos ricos de la zona alta? ¿Era para tanto todo aquello? Ella había tenido una infancia dura, esa era la verdad. Y en el fondo no hacía más que sustraerles la bilis a los poderosos, reajustar la riqueza de una ciudad mísera y contradictoria. ¿Merecía la pena estar defendiendo ese mundo?

Quizás pudiera dejar de fingir que no lograba deshacerse de las cadenas que intentaban apresarlo, levantarse de la silla y proponerle un pacto: tú y yo, ahora y a mi manera, y verás cómo vas a ser feliz. Sería un caso y un caos, el regalo definitivo para los periódicos. Pero cuánta gente no se ha dejado gobernar por la pasión, cuántos no han rectificado su rumbo en pos de una vida mejor, ¿acaso un héroe no tiene derecho a algo así?

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