miércoles, 10 de febrero de 2016

La cárcel

Hoy, a raíz de los titiriteros, pensaba en la cárcel. En esos dos chicos encerrados donde quiera que sea, preguntándose qué habían hecho para estar ahí. Pensé en ellos y en los dos señores de corbata decidiendo dónde tenían que pasar la noche. La cárcel, por asociación, me condujo primero a Patricia Heras, a sus poemas a un palmo del abismo y la injusticia que la mató, y derivó en todos los que están encarcelados justa o injustamente. Por alguna misteriosa razón, pensé en Josep Lluis Núñez y en sus 82 años de culpabilidad entrando en prisión. Pensé en cualquier ser humano con la espalda apoyada sobre una fría pared, con el espacio reducido a dos palmos y la mente expandida hasta el infinito. Y pensé en los que sobreviven a la experiencia, en los que se consumen dentro y en los que, simplemente, desperdician sus días entre cuatro paredes. Pensé en esta sociedad y en el deber que se tiene para consigo misma, en que le queda pendiente cómo reformar lo peor de sí, que es también, la manera de ganar autoestima. Pensé en casi un mundo entero desatendiendo todos esos silencios de auxilio y señalando a quienes tienen que ser los próximos privados de libertad y sentí que los verdaderos culpables no están dentro de las celdas. Están fuera.




Ilustración:Velia Bach

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