sábado, 21 de julio de 2012

El abuelo y el elefante

El abuelo había matado a un elefante y eso no tenía perdón de Dios. Ni de Dios ni de nadie en su sano juicio, sólo que algunos de sus primitos y por supuesto su hermanita menor, tan chiquita y frágil, tan adorable, tan fácil de mantener al margen, no sabían nada al respecto y no tenían qué perdonar. Pero cuando fuera mayor iba a contárselo y en cuanto pudiera iba a hablar con sus primos para que dejaran de mirarlo como si fuera un héroe. Ningún héroe mata elefantes. Había descubierto el pastel a través de una fotografía de un periódico que alguien olvidó en el salón. El abuelo con una escopeta en la mano, con esa mirada tan suya, perdida y obnubilada, como si nada de eso fuera con él, y a su lado un hombre desconocido sonriendo, con la misma cara con la que sonríen los malos de una película de dibujitos. Detrás de los dos, un elefante. Al principio, había pensado que estaba dormido, pero después de ver en muchos sitios cómo funciona una escopeta y de comprender lo que terminan haciendo los hombres con ella, supo que esas escopetas habían sido usadas poco tiempo atrás. Además, ningún elefante iba a dormirse con su rostro encima de un árbol ni iba a inclinar sus rodillas como cavando en la arena. Los elefantes se duermen de pie o recostados durante una o dos horas, lo había escuchado en un programa de la televisión y le había hecho gracia y siempre lo recordaba con una sonrisa. Pero ahora mismo no tenía nada por lo qué sonreír. Ese elefante no estaba vivo y no lo estaba porque el abuelo y aquel señor tan malo no quisieron que fuera así.  Y eso tenía que hablarlo con la abuela y con los primitos e iba a pedirles explicaciones. A mamá y papá no les podía sacar el tema porque nunca hacen caso de nada y siempre están ocupados viajando y pasándoselo bien. Pero la abuela algo tendría que decir, al fin y al cabo, es su marido. Y los primitos igual, que para eso dicen que le gustan mucho los animales. Y si sabe que a todos nos gusta tanto, ¿Por qué iba el abuelo a hacer algo así? ¿Cómo puede luego mirarnos a la cara después de haber matado un elefante? 

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