martes, 16 de julio de 2013

Homenaje a Bolaño en Obituario Magazine

Hace diez años que murió Bolaño, uno de mis escritores favoritos. Me gustaría, de verdad, ser más original y decir que no era para tanto. Pero creo que era un genio. Abro cualquier de sus libros, dos párrafos, y ya estoy rendido a su prosa y poética.

En Obituario Magazine han organizado un número especial para homenajearlo y participo con un relato (Maldito Ulises) acompañado de un gran Collage, obra de Jose Luís Valderde.






 Maldito Ulises

a los otros Bolaños.


-          ¿Sabes qué pasará Arturo? Pasará que la gente es ciega pero el tiempo no, el tiempo es un chivato que hará que todo caiga por su propio peso, el peso de tus palabras claro, de la magia de tu estilo, del arte con el que combinas las frases, del aura que invade mi espacio íntimo cuando te leo. Pasará todo esto y cuando suceda,  empezarán a leerte como si no hubiera un mañana, como quiénes han desperdiciado lo que llevan de vida, y se pondrán desesperados a olisquear tu rastro a través de las novelas, valiéndose de las pistas que dejaron tus ensoñaciones, rebuscando en cada piso que habitaste, en cada sofá que invadiste, en cada uno de tus pasos erróneos, en el cubículo de este camping de mala muerte donde hablamos ahora. Harán ciertas tus mentiras e irremediables tus verdades, sí. Sucederá que vendrán en legión a buscar tus letras cuando hayas desaparecido y yo diré que me las bebí, que por eso se han suturado mis úlceras y que ya no queda nada, que descifren si quieren tus dilemas, que se coman si les place el lomo de tus escritos, que reciten los poemas de tu lista de la compra, que hagan de tus borradores leyendas de andar por casa, que persigan las confesiones de tus amantes, que te recuerden una vez y otra hasta el empacho, que inventen recopilaciones que tú nunca hubieras querido y editen libros que tú hubieras quemado y rastreen tus cajones como perros llenos de rabia, de una rabia de la que carcome lo más recóndito de la memoria, de una rabia estúpida y desconsiderada, de una rabia que no es mayor que la que yo siento. Que homenajeen si les place a la sombra de lo que fuiste, que frente a tu tumba se llamen amigos los conocidos y conocidos los que nunca tuvieron el placer, que hagan lo que les venga en gana en nombre de la literatura. Hoy, aquí solos, amigo, mi privilegio es tu desgracia y por eso aguanto tu empeño, tu lamento confiado, tu silenciosa amistad, ese pulso que le mantienes a la eternidad.   


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