lunes, 14 de marzo de 2016

La imaginación


Como escritor, sus textos pescaban en la memoria y paseaban por sus recuerdos como un hereje que se había traicionado en los momentos decisivos. Se escribía defendiendo al niño al que abandonó cuando le quitaron el balón, jugándose el tipo por el manifestante al que a palos aturdió la policía, y ya no corría cuando le querían robar la cartera. Ahora sí, por fin, besaba a la chica a la que siempre negó sus labios por aquel absurdo del rencor. La miraba y decía, cuánto he tardado en quererte sin quererlo. Se narraba hablando cada tarde con sus padres, viajando hasta quemarse los dedos con el horizonte, agradeciendo a sus hermanos la infancia de color, describía cada noche como si se hundiera en la madrugada. Cuando la maraña de palabras se convirtió en un libro, los periodistas preguntaban, ¿de dónde, si puede saberse, de dónde sacas la imaginación?



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