jueves, 3 de marzo de 2016

Mi enfermedad

En el hospital, mientras sostenía la mano de C. y la enfermera rellenaba el parte médico, me preguntaba quién estaba acompañando realmente a quién, si de verdad era C. la paciente o si quizás no lo sería yo mismo, viviendo siempre con el mal de las letras a cuestas, si ella no sería la enferma sino precisamente la cura, y compartir sus días no sería mi medicamento, su mirada mi remedio, su voz mi tratamiento, sus besos la terapia correcta; y a la vez, no podía dejar de preguntarme si, mientras dormía, no me estaría contagiando también de sueños, inoculándome en vena la esperanza, si no me estaría inyectando lo único para lo que nunca existirá vacuna, el veneno de la vida.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada