lunes, 23 de mayo de 2011

Cambios


Hay certezas evidentes, cosas que se saben y ya está, piensa mientras toman juntos el desayuno y gira la cuchara creando un pequeño torbellino en el café. La noche anterior, después de que su mujer saliera con los del club de baile y llegara por la noche a casa, tras hacer un ruido insoportable junto al recibidor con eso de las llaves, el bolso y los tacones, “un poco aturdida por el alcohol”, se metió en la cama junto a su lado, y pudo comprender entonces que ni estaba aturdida ni borracha, simplemente, había sido sustituida por otra, un clon, una mujer que tenía su mismo aspecto, el mismo rostro, las mismas piernas, el mismo aroma, los mismos labios y la misma piel… pero que no era ella, eso resultaba una obviedad. Se dejó dormir, pero en cuanto despertó pudo corroborar lo que anoche había intuido. A la hora de la ducha, por ejemplo, no era igual marcando los tiempos, paseaba recogiendo su ropa interior y exhibiendo sin pudor su desnudez, comentaba las noticias de la mañana con énfasis o ahora justamente, mientras prepara su café, como si hubiera olvidado que el café le gusta con una y no con dos cucharadas de azúcar. O como si de repente, tener una conversación trivial en el desayuno fuera algo estrictamente necesario para su cotidianeidad.

Pero eso es lo de menos, ya aprenderá sus manías y descubrirá cómo contentarla. Le resulta curioso y casi embriagador verla así, a su nueva mujer, que es como si a la antigua le hubieran devuelto de un golpe la ingenuidad, la ilusión y el cariño, en definitiva, la vida. ¿Por qué se la habrían llevado? ¿Era acaso un castigo por su propia inapetencia vital? Da igual, lejos de verlo como un atropello del destino o una pérdida irremplazable, lo entiende como una segunda oportunidad, algo al alcance de unos cuantos elegidos. Ella habla y habla, le mira y le pasa la tostada torpemente, con apenas mantequilla por los bordes. Él sonríe y la acepta encantado, mientras con la otra mano, acaricia su mejilla.

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