viernes, 2 de agosto de 2013

Cambio de reglas


La fila, armónica, esperaba ya el veredicto del jurado. Todas las jóvenes, nerviosas, se miraban entre sí haciendo cábalas, con la secreta esperanza de lograr una victoria que esperaba a la vuelta de la esquina.  Había dientes podridos, entrecejos infinitos, lunares que se convirtieron en verrugas, narices aguileñas, manchas coronadas con larguísimos vellos, rostros deformes, sudores fétidos y hasta alientos que tumbarían al más anósmico.  Había también, una televisión morbosa y un jurado cuyo precio pasaba por no recibir ninguna insinuación, y hasta un público que tenía su favorita. Cuando el jurado comunicó la ganadora, la chica se llevó las manos a la cara para el alivio de los presentes y no pudo reprimir el llanto. Llorando era aún peor. Las demás sonreían como suele hacerlo el diablo. El público, puesto en pie, jaleaba: ¡Bravo, es verdad!  ¡Es fea! ¡Feísima! ¡La más fea de todas!


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