miércoles, 28 de septiembre de 2011

Manos arriba


Aquí debería ir un cuento. Pero esta noche, al regresar a casa, un ladrón me asaltó y, a punta de pistola, me dejó sin literatura. Al principio intenté evadirlo siguiendo mi trayectoria, e incluso pensé en echar a correr. Solo que me fue cerrando el camino hasta arrinconarme con una actitud notoriamente violenta. Empujándome, me dijo que sacara mis cuentos y se los diera, que sí tenía alguna novela, también, y que lo hiciera rápido, que no tenía toda la vida. Yo obedecí, qué remedio, en pos de salvar mi vida. El ladrón, enojado, me gritaba, “¡Las ideas, dame también las ideas!”. Así que le fui contando unas pocas que rondaban últimamente mi cabeza, y de las cuales ahora no recuerdo nada. “¿Solo tienes esto?”, preguntó. Decepcionado, amontonó su botín y salió corriendo, dejando algunos microrrelatos esparcidos por el camino.

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