sábado, 24 de septiembre de 2011

Un amigo me contó que existía el amor

Convencido de que existía eso que llamamos amor, mi amigo fue contando su buena nueva a todo el mundo. Conocía el amor e iba a enseñarlo, porque, qué era de un amor si no podía ser compartido. Lo pregonaba como si fuera un bien comunitario. Y resulta que no, que ni lo suyo era tan común ni era considerado como una buena nueva. La gente, más bien, se lo tomaba como una afrenta, como una tomadura de pelo, como si diciendo que conocía el amor estuviese diciendo al mismo tiempo que les era ajeno a todos los demás. Pronto fue tachado por igual de presuntuoso, de ingenuo, de soñador, de insensato, de hipócrita, de colgado, de mentiroso… Cuando quiso acordar mi amigo estaba solo. Hasta yo dejé de hablarle, aunque no sé muy bien porqué. Tuvo que parecer desdichado para que la gente volviera a dirigirle la palabra. El otro día me lo crucé en el supermercado e iba acompañado. De su pareja, claro. Cuando le pregunté qué tal estaban juntos, él me dijo que no estaba muy allá, que aguantaba un poco por capricho, que era muy difícil eso de mantener una relación y, que en el fondo, estaba pensando en dejarlo.

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