sábado, 19 de noviembre de 2011

El Presidente

Casi al tiempo que alcanzó el poder, el nuevo presidente comenzó a extrañar sus años de candidato. Al fin y al cabo, había estado más de ocho años ejerciendo como tal. Recordaba aquellas fotos dónde apenas tenían que teñirle las canas. Ya le había sucedido algo parecido cuando terminó su etapa de estudiante y le invadió una morriña pegajosa que parecía acompañarle para siempre. En realidad, venía echándose de menos durante la campaña, cuando la gente, siguiendo los sondeos al pie de la letra, comenzó a tratarle como el presidente que aún no era. Se dio cuenta que ya no lo veían como una ilusión, sino como una mediocre realidad, y que ahora le exigirían y le señalarían vilmente con el dedo ante cualquier error o infortunio. Era mucho más fácil la vida desde la barrera. Y más divertida, pues tenía un punto creativo eso de criticar siempre al vecino, sin necesidad de justificarse. Ay, cuánto se iba a echar de menos. Casi le costaba devolver el saludo cuando su multitud, enardecida, gritaba su nombre e izaba banderas donde podía verse el rostro, aún sonriendo.

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