martes, 15 de noviembre de 2011

JLM (caso accidental)

Alguien habría engrasado mal el rifle, dejando el gatillo tan flojo que el arma terminó disparándose sola, como por arte de birlibirloque. La bala fue a parar a la cabeza del presidente, cruzando la parte frontal del rostro y saliendo por la nuca, en lo que fue un tiro certero, y eso que solo lo había apuntado con la mirilla para saber si todo iba bien ahí abajo. Ahora tenía que elegir, declarar que todo se debía a un error garrafal, una broma demasiado seria, o emprender su huida y vivir casi como un proscrito. Era mucho más peligroso, pero al menos evitaría la cárcel y se convertiría con ello en un referente histórico. Y puede que, con el tiempo y la cantidad de detractores del ya expresidente, lo consideraran un rebelde, un protestante, incluso un libertario, y total, tampoco estaba muy a favor de la política del gobierno.

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